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BREVE SEMBLANZA DE SANTA CATALINA DE SIENA
Fuente: Saint Index, Paulo VI, homilía.

Lo que nos sorprende de esta mujer, frágil de aspecto, hermosa y pequeña, no es sólo su vivencia sobrenatural: sus visiones, sus arrebatos místicos, su capacidad de escribir sin haber sido instruida...es algo más simple que aún reconocemos en nuestro siglo XXI: en ella se veía reflejado el rostro de Cristo en cada gesto, en cada mirada y en sus palabras. Gracias a esto, mucha gente se convirtió, muchos se sanaron y muchos descubrieron la llamada de Dios. Pero, así como tenía un grupo de personas que la rodeaban y aprendían mucho a su lado, existían muchos en su ciudad que la difamaban, que la trataban de bruja, de hereje...que querían hacerla desaparecer.

Descubre la vocación dentro de su vocación y comprende que ya no debe vivir recluida sino que el Señor la quiere para estar en medio del mundo, fiel a su Esposo, pero con la promesa de una misión que ni ella podía imaginar. Catalina era una joven de una personalidad enérgica y dulce, serena y firme. Ella misma definió su personalidad y llegó a decir "Mi naturaleza es el fuego" porque su amor a Cristo y a la Iglesia , a quien amaba como Madre y Maestra, se convirtió en fuego abrasador que la llevaría a combinar la más profunda contemplación con la más ferviente acción.

Pero sus experiencias místicas no le quitaban las pruebas. Sufría por su temperamento. Un día jueves, después de que Catalina había orado todo el día con extraordinaria fe, Nuestro Señor se le apareció y le dijo: "Ya que por amor a Mi has renunciado a todos los gozos terrenales y deseas gozarte sólo en Mi, he resuelto solemnemente celebrar Mi esposorio contigo y tomarte como mi esposa en la fe".

No debemos olvidar que Jesús le concedía tanto porque ella por su parte era siempre fiel, presta para sufrirlo todo y pasar las mayores pruebas por Su amor.

El mayor de los milagros posiblemente fue su paciencia ante los severos ataques y reproches aún de personas desagradecidas que ella había beneficiado con sus servicios.

Un día, durante la misa en la iglesia dominica de Santa María Novella, en Florencia, le pareció a la santa que la Virgen estaba de pie a su lado y le indicaba un sacerdote para que fuera su guía: el Padre Raimundo de Capua. Este se convirtió en el director espiritual de Catalina. Después de muchos años de una relación muy fructífera, le llamó: "mi Padre y mi hijo, quien mi dulce Madre María me regaló". Él, por su parte, creció mucho espiritualmente gracias a la inspiración de la santa y llegó a ser beatificado.

No tardaron en aparecer las envidias y las preguntas farisaicas de los que deseaban atrapar a la santa. Pero se quedaban asombrados ante sus respuestas a las preguntas más difíciles sobre la vida interior y otros temas. Por otro lado, los florentinos continuaban en sus intrigas contra el papa por lo que este envió a Catalina a vivir en esa ciudad. Allí sufrió muchísimo y en varias ocasiones peligraba su vida. Pero al final, en 1378, logró la reconciliación de esta ciudad con el sucesor de Gregorio, el Papa Urbano VI.

En seguida Catalina volvió a Siena para continuar su vida solitaria de oración intensa. Algunas de sus meditaciones fueron recogidas en el tratado "Sobre la Providencia".

Para apreciar la vida de la santa, tan engalanada con dones extraordinarios, no podemos olvidar su incondicional amor a la cruz. Tuvo grandes y prolongados sufrimientos, tanto los físicos como los del corazón. Cuando se ama mucho se sufre por el amado. Ella sufría las ofensas contra Jesús, contra Su Madre, contra la Iglesia, contra los pobres. Sufría por los pecadores. Aunque muchos la admiraban, muchos también la tildaban de farsante y la hacían sufrir.

En 1461 fue canonizada y en pleno siglo XX, en 1970, fue proclamada Doctora de la Iglesia. Aunque su vida transcurrió en la Edad Media, su corazón y su intimidad con Cristo y María transpuso la barrera de los siglos y se nos presenta hoy, en este nuevo siglo, en este mundo cada vez más pequeño y más olvidado de Dios. Su figura y ejemplo, aunque nos parezca lejana, debe echar verdaderas luces a nuestro tiempo.

Pidámosle que nos contagie su fervor, su espíritu sin fronteras, su compromiso verdadero con la Iglesia y el Papa y su firmeza en la esperanza que no defrauda. Pidámosle que nos enseñe a vivir más unidos a Jesús, en la vocación que Él quiera. Catalina tiene mucho para mostrarnos. Sobre todo cómo, cuando un hombre "se deja hacer por Dios", puede llegar a cambiar situaciones mundialmente insostenibles y convertir corazones aparentemente ciegos y egoístas.

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